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El ninot que simboliza la fragilidad de la infancia

Una única figura, dos realidades. En la Exposición del Ninot 2026, una obra capta miradas y silencios al representar a la misma niña en escenas invertidas que dialogan entre la violencia y la ternura


La pieza, concebida como un juego visual de simetrías, muestra en su parte superior a una niña con casco militar y gesto abatido. La dureza del atuendo y la tristeza de su expresión sugieren miedo, tensión y una inocencia erosionada. En contraste, la escena inferior invierte la narrativa: la misma niña, ahora en actitud serena, sostiene un biberón. El gesto evoca protección, afecto y la carga de roles de cuidado asumidos demasiado pronto.

El efecto espejo no es solo formal. Funciona como un recurso simbólico que enfrenta dos estados emocionales y sociales de la infancia. El contraste cromático intensifica el mensaje: los tonos fríos dominan el ámbito bélico, subrayando la distancia, la incertidumbre y el desamparo; los cálidos envuelven la escena doméstica, asociada al refugio, la cercanía y la necesidad de consuelo.

Más allá de su impecable ejecución estética, el ninot plantea una reflexión incómoda. La obra interpela al espectador sobre cómo la infancia puede verse forzada a convivir con realidades antagónicas: la vulnerabilidad frente a la violencia, el juego frente a la responsabilidad prematura.

Fiel al espíritu satírico y crítico de las Fallas, la figura trasciende el impacto visual para convertirse en una denuncia silenciosa. Entre la belleza del modelado y la crudeza del concepto, la pieza confirma que el arte fallero sigue siendo, además de tradición, un espejo de la conciencia colectiva.

Autor

Redacción
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