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La amenaza oculta que acorta la vida de los árboles

Aunque invisibles, las raíces sostienen la salud y la longevidad de los árboles. Expertos advierten que prácticas urbanas como cubrir el suelo con cemento o reducir el espacio alrededor del tronco pueden asfixiar el sistema radicular y comprometer los beneficios ambientales que la vegetación aporta a la ciudad


Las raíces son mucho más que una estructura oculta bajo tierra. Constituyen el sistema de anclaje y nutrición del árbol, responsables de absorber agua, oxígeno y minerales esenciales. Sin embargo, su importancia suele pasar desapercibida, especialmente en entornos urbanos donde el diseño del espacio público no siempre prioriza sus necesidades biológicas.

Uno de los principios básicos del cuidado arbóreo es permitir que la tierra respire. Mantener una capa de suelo natural alrededor del tronco facilita el intercambio de oxígeno, indispensable para el desarrollo saludable del sistema radicular. Cuando este espacio se reduce o se sella, el árbol comienza a mostrar signos de estrés que pueden derivar en debilitamiento estructural o enfermedades.

El uso de cemento o superficies impermeables representa uno de los mayores riesgos. Al bloquear la entrada de aire y agua, estos materiales generan un efecto de asfixia que limita la capacidad de las raíces para cumplir su función. El resultado suele ser un crecimiento deficiente, menor resistencia y una vida útil más corta del ejemplar.

Además, las raíces crecen de forma dinámica, explorando el subsuelo en busca de recursos. Forzarlas, cortarlas o impedir su expansión altera su desarrollo natural, lo que puede traducirse en daños tanto para el árbol como para la infraestructura cercana.

En este contexto, urbanistas y especialistas en arboricultura subrayan la necesidad de soluciones adaptadas a la ciudad. Alcorques amplios, suelos permeables y materiales que eviten la compactación aparecen como estrategias clave para compatibilizar la presencia de árboles con el entorno construido.

La relevancia de estas medidas trasciende lo estético. Árboles sanos contribuyen a mejorar la calidad del aire, regular la temperatura y aumentar el bienestar en los espacios públicos. Cuidar las raíces, coinciden los expertos, es también cuidar la salud ambiental y la habitabilidad de las ciudades.

Autor

Redacción
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