El corte de un olivo en buen estado suscita una necesaria reflexión. El árbol estaba sano, sin signos de enfermedad ni riesgo sanitario, por lo que su tala solo habría sido justificable ante una plaga o deterioro grave.
Sin embargo, fue cortado para un destino festivo, vinculado a las celebraciones de San Antoni en un pueblo de Castellón. La eliminación de un árbol sano implica una pérdida ecológica: menos biodiversidad, sombra, captura de CO₂ y valor paisajístico. En el caso del olivo, además, se afecta a un símbolo cultural e histórico del Mediterráneo.
Podrían haberse empleado alternativas como troncos secos, árboles caídos o materiales sostenibles. Las tradiciones pueden mantenerse sin dañar el patrimonio natural, avanzando hacia celebraciones más respetuosas con el entorno.