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Francisca Alarcão: “El cine puede transformar en imágenes aquello que no logramos poner en palabras”

La directora portuguesa presenta O, una propuesta entre la ficción, el documental y lo experimental que parte de una fobia poco habitual —la aversión a los ombligos— para hablar del cuerpo, la ansiedad, la salud mental y la urgencia contemporánea por encontrar soluciones rápidas al malestar. Con humor, ironía y una mirada íntima, Alarcão convierte una experiencia difícil de explicar en un juego cinematográfico sobre el miedo y la valentía de mirarse a una misma

 

E.- El film parte de una fobia muy concreta y poco habitual: la aversión a los ombligos. ¿En qué momento sentiste que algo tan íntimo podía convertirse en una película?

F.A.- La película empezó en la escuela de cine en el País Vasco, en una clase que proponía hacer una película como un jardinero hace un jardín: plantando cosas y viendo, con el paso del tiempo, si florecen o no. Yo convivo con esta aversión —o fobia, no sé muy bien cómo llamarla— desde que tengo memoria. Sabía que quería hacer algo con eso, aunque al principio no tenía claro cómo abordarlo. Empecé haciendo una lista de imágenes que me venían a la cabeza cuando pensaba en los ombligos, y desde ahí comenzó un recorrido por jardines y parques, buscando formas que me recordaran a esa parte del cuerpo. Primero fue una idea muy obvia: quería hacer una película sobre los ombligos. Después, poco a poco, fui descubriendo cómo contarla.

E.- El título de la película, O, puede leerse como una letra o como un cero. ¿Qué buscabas con esa imagen?

F.A.- Para mí el título funciona más como una imagen que como una palabra. La O puede ser el ombligo, una forma redonda. La película nace más de imágenes y de formas que de palabras, por eso me parecía importante que el propio título fuera también una forma. Además, para mí es difícil hablar sobre esta fobia; por eso tenía sentido que el nombre de la película fuera algo visual.

E.- La película habla de un miedo irracional, pero lo hace con humor e ironía. ¿El humor fue una forma de protegerte o de acercar al público a una experiencia difícil de explicar?

F.A.- Quizás sí. Desde el inicio de mi vida esta fobia tuvo algo cómico. Cuando le dices a alguien “me dan miedo los ombligos”, la gente no suele preocuparse: se ríe. Entonces tenía sentido trabajar desde esa lógica, pero de una manera orgánica. No me propuse hacer una película cómica, pero espero que haya momentos de humor. Creo que salió así de forma natural.

 

“Al final lo que más necesitamos es parar, dejar que las cosas estén y reflexionar”

 

E.- El ombligo es una parte del cuerpo muy simbólica: habla del origen, del nacimiento y del vínculo con la madre. ¿Te interesaba esa dimensión o el punto de partida era más físico?

F.A.- El punto de partida era más físico, pero cada vez que hablaba de ombligos en clase aparecía rápidamente la pregunta por la relación con la madre. Cuando empiezas a tratar un tema, también lo intelectualizas. Por eso tuve que incluir esa dimensión en el corto. El personaje que creé de mí misma —que tiene mi voz, aunque está ficcionalizado— es una chica a la que la terapia no le funciona del todo, o que no está muy disponible para ese proceso. Empieza hablando de la madre, pero enseguida se desconecta porque quiere una solución rápida para su problema. No está interesada en descubrir sus traumas con calma.

Para mí hacer terapia fue muy importante, y creo que estaría bien que todas las personas pudieran hacerla en algún momento de sus vidas, incluso sin una razón muy concreta. Es un proceso de búsqueda y de cuestionamiento que te hace crecer.

 

E.- En la sinopsis se menciona que la terapia tradicional no fue suficiente y que recurres a métodos no científicos y no recomendables. ¿Qué querías explorar con esa búsqueda alternativa?

F.A.- Creo que esa es la parte más cómica de la película. Tiene que ver con la prisa que tenemos cuando aparece un problema, una angustia o una fobia: queremos resolverlo todo lo más rápido posible. Vivimos de una forma completamente acelerada. El personaje quiere superar su problema enseguida y no se permite dejar que las cosas asienten. Por eso experimenta otros caminos. Al final, lo que sucede es que no logra calmarse ni entender realmente lo que le pasa, porque tiene mucha prisa, como le ocurre a mucha gente.

E.- ¿La terapia es sostenible cuando se vive con tanta prisa?

F.A.- Me parece irónico que el personaje lo haga todo con tanta prisa, porque al final lo que más necesitamos es parar, dejar que las cosas estén y reflexionar. Esa es también una de las ideas de la película.

E.- ¿Hasta qué punto la película es una historia sobre una fobia concreta y hasta qué punto es una reflexión más amplia sobre la ansiedad?

F.A.- La película puede ser lo que cada espectador quiera que sea. Para mí partía claramente de una fobia muy particular, pero también quería que funcionara como una reflexión sobre cómo vivimos nuestros problemas y nuestras ansiedades, y sobre la forma en que intentamos manejarlas.

E.- El miedo irracional muchas veces produce vergüenza porque parece difícil de justificar ante los demás. ¿Te costó exponerte desde ese lugar tan vulnerable?

F.A.- El humor fue una buena herramienta para exponerme. La película parte de algo real, pero está muy ficcionada: el diálogo está completamente escrito y el humor introduce muy bien esa distancia con la ficción. Hoy me resulta más tranquilo mirar un ombligo. También hice un poco de terapia, mirándolos de manera continua, y ahora me siento menos ansiosa cuando los veo.

La pelÍcula me ayudó a jugar con ella y a verla con más humor. Me interesaba que el público se riera conmigo. Me da pena cuando no escucho risas en la sala, porque no quería que tomaran la película demasiado en serio. Tiene siempre algo de juego.

E.- ¿Cómo trabajaste el límite entre que el público se ría contigo y no de ti?

F.A.- No estaba muy preocupada por trazar ese límite. Tampoco me da mucha vergüenza. Nunca voy a saber del todo si se ríen de mí o conmigo, así que la mejor solución es no preocuparse demasiado.

E.- El cuerpo aparece como territorio de ansiedad, pero también como lugar de memoria y extrañeza. ¿Qué relación querías construir entre cuerpo, imagen y miedo?

F.A.- Quería mirar el cuerpo, y en particular el ombligo, de la forma en que yo lo veo. Para mí, tener una mano cerca del ombligo puede ser un gesto de terror, aunque para otras personas no signifique nada. Me interesaba convertir esa parte del cuerpo en algo inquietante, mostrar cómo algo cotidiano puede volverse asustador desde una mirada concreta.

El montaje tuvo un papel fundamental, junto con el sonido. El corto se construyó de una forma muy asociativa, a partir de imágenes y emociones, no desde una lógica completamente racional. Al principio montaba con papelitos, con las imágenes impresas, y las iba relacionando por colores, formas o sensaciones.

 

E.- En una sociedad donde cada vez se habla más de salud mental, ¿crees que todavía cuesta aceptar los miedos que parecen absurdos o difíciles de nombrar?

F.A.- Sí. Creo que eso le pasa a mi personaje: le cuesta aceptar lo que le ocurre y por eso recurre a otros métodos. La salud mental es algo fundamental. A los jóvenes les diría que se miren a sí mismos, que intenten entenderse lo más posible, pero que también se diviertan consigo mismos.

El cine puede funcionar como una forma de terapia, aunque no sustituya a la terapia. En las notas de intención del proyecto yo hablaba de “filmoterapia”: una película que acelerara un proceso terapéutico. Es contradictorio, porque también nace de esa necesidad de acelerar las cosas y los procesos, pero me interesaba explorar esa idea.

 

“A través del cine, de las imágenes y los sonidos, pude expresar algo que no lograba poner en palabras”

 

E.- La película habla de autocuración, pero también cuestiona la necesidad de encontrar soluciones rápidas a todo. ¿Querías reflexionar sobre esa presión por curarnos cuanto antes?

F.A.- Al principio no pensaba tanto en eso, pero durante el proceso el tema apareció y se volvió central. Esa prisa por resolver nuestras cosas tiene mucho que ver con la vida que llevamos, con la sensación de que todo pasa volando. Yo misma voy siempre corriendo.

E.- ¿Qué te interesaba más: superar la fobia, convivir con ella o aprender a manejarla?

F.A.- Quizás las tres cosas, pero sobre todo la última. Me interesaba transformar algo que para mí era muy difícil de comunicar en algo comunicable. A través del cine, de las imágenes y los sonidos, pude expresar algo que no lograba poner en palabras.

E.- ¿Cómo definirías tu película dentro del lenguaje cinematográfico?

No la considero un documental puro. La veo como una mezcla de ficción y de cine experimental. Creo que todos los tipos de cine tienen la posibilidad de hablar de la ansiedad, del miedo y de muchas otras cosas.

Si tuviera que resumirla en una frase, de una forma más directa, es una película sobre el miedo a los ombligos. Pero, de una forma más abierta, quizá también sea una película sobre la valentía de mirarse a una misma.

 

Autor

Redacción
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