La expansión de esta especie, visible ya en entornos urbanos como un colegio de un municipio valenciano, enfrenta posturas entre su valor como fauna urbana y su impacto sobre la biodiversidad
Las cotorras argentinas han dejado de ser una rareza para convertirse en una presencia habitual en el cielo de numerosas ciudades españolas. La escena captada en un pueblo de Valencia, con varias colonias instaladas en pleno casco urbano y junto a un colegio, refleja una tendencia en aumento: su rápida expansión en parques, avenidas y zonas habitadas.
Originarias de Sudamérica, estas aves —Myiopsitta monachus— llegaron como mascotas debido a su carácter sociable, su capacidad para imitar sonidos y su fácil adaptación. Sin embargo, tras liberaciones o escapes, han encontrado en el entorno urbano un espacio propicio para reproducirse y asentarse con rapidez.
Su presencia genera opiniones divididas. Por un lado, aportan color, dinamismo y despiertan el interés ciudadano, especialmente entre los más pequeños. Su inteligencia y organización social las convierten en un fenómeno llamativo dentro de la fauna urbana, incluso como ejemplo de adaptación a entornos humanizados.
Por otro, su proliferación plantea riesgos. Los grandes nidos que construyen en árboles y estructuras urbanas pueden suponer un peligro por su peso, especialmente en zonas transitadas. Además, su comportamiento invasor puede desplazar a especies autóctonas, alterar ecosistemas y provocar daños en cultivos.
Desde el ámbito ambientalista, el debate está abierto. Mientras algunos colectivos reclaman medidas de control ante el impacto sobre la biodiversidad, otros defienden estrategias más éticas y sostenibles, como el control reproductivo o la retirada progresiva de nidos, evitando soluciones exclusivamente letales.
En términos de sostenibilidad, su papel resulta ambiguo. Aunque no forman parte del ecosistema original, su capacidad de adaptación refleja la transformación de los entornos urbanos. No obstante, su impacto sobre la fauna local cuestiona su viabilidad a largo plazo sin una gestión adecuada.
La expansión de las cotorras argentinas, cada vez más presentes en la Comunidad Valenciana y en el resto del país, reabre así el debate sobre la convivencia entre especies, la gestión de la fauna urbana y la responsabilidad humana en su origen.