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Mercé Palací: “Carcaixent es la cuna de la naranja y queremos defenderla desde el cultivo ecológico”

La tradición citrícola de Carcaixent, el valor del minifundio, la conservación del paisaje agrario y el impulso de una marca de calidad centran la conversación con Mercé Palací. Desde BioCultura Barcelona, la asociación reivindica una naranja ecológica con historia, territorio y sabor propio

E.- ¿Desde cuándo trabaja la asociación?

M.P.- La Asociación de Citricultores Ecológicos de Carcaixent existe desde 2017. En octubre del año pasado pusimos en marcha una web, que inauguramos en noviembre de 2025, y ahora estamos promocionándola. Además, hemos creado una marca de calidad llamada El Bressol Bio, vinculada a Carcaixent como cuna de la naranja desde el punto de vista comercial.

Las naranjas existen desde tiempos inmemoriales y se comerciaba con ellas desde hace mucho, pero en Carcaixent hubo un momento clave. A partir de 1781, tres personas ilustradas de la época —el rector Monzó, el notario Maseres y el boticario Bodí— impulsaron el cultivo comercial de la naranja. Introdujeron injertos en sus tierras, mejoraron los cultivos, abonaron los árboles con estiércol y excavaron pozos para disponer de más agua, no solo la procedente del río.

Cuando aquellos naranjos empezaron a producir, la naranja se vendió muy bien y generó mucha riqueza, incluso más que otros cultivos de huerta o que la seda, que también tuvo gran importancia en la zona. A partir del siglo XIX, y especialmente durante buena parte del siglo XX, Carcaixent vivió una etapa de esplendor ligada a la naranja. Crecieron los comercios, se ampliaron los campos y se construyeron grandes casas.

E.- ¿Qué relación tenéis hoy con esas tierras y con ese legado agrícola?

M.P.- Nosotros somos, de alguna manera, herederos de esas tierras. Algunas personas las han recibido por tradición familiar y otras las han comprado, pero todas seguimos trabajando en Carcaixent y cuidando nuestros huertos. Cultivamos en ecológico y, además de cumplir las normas de la agricultura ecológica, incorporamos un valor añadido: conservar el paisaje y el patrimonio que hemos recibido.

Somos pequeños propietarios. Hablamos de minifundios: parcelas relativamente pequeñas, de una, dos o algunas hectáreas; no de grandes extensiones de miles de hectáreas. Eso nos permite cuidar la tierra de otra manera. Conservamos casas antiguas, muros de piedra seca, antiguas acequias heredadas de la tradición árabe, árboles singulares y la fauna del entorno. Para nosotros, la sostenibilidad no es solo producir sin químicos: también es proteger todo lo que rodea al cultivo.

E.- Entonces, ¿la sostenibilidad forma parte de todo el proyecto, área por área?

M.P.- Sí. Nuestro proyecto une agricultura ecológica, paisaje, patrimonio y sabor. En nuestro logo aparece una naranja con la idea del estallido de sabor, porque nuestras naranjas, además de tener historia, están muy buenas. Los huertos muestran ese paisaje de terrazas con muros de piedra seca, muy característico de las zonas más cercanas al monte.

E.- La historia comercial también es muy importante

M.P.- Si. En 1848 llegó el ferrocarril a Carcaixent y eso impulsó todavía más el comercio de la naranja. Se construyeron almacenes cerca de la estación y los carros llegaban cargados desde los campos. Allí se encajaban las naranjas y salían directamente en tren hacia otras zonas de España y de Europa, o hacia los puertos.

También tuvo importancia el ferrocarril de vía estrecha, que conectaba con Gandia y Dénia, abriendo otra vía de salida hacia el puerto de Dénia. Fue una época de expansión increíble: en el pueblo llegó a haber alrededor de 120 almacenes de naranja.

E.- ¿Se puede decir lo mismo en la actualidad?

M.P.- No, ojalá. Hoy la situación es muy diferente. Actualmente quedan muy pocos almacenes; creo que apenas dos. Nosotros cultivamos en ecológico y nos defendemos como podemos. La venta directa está creciendo porque muchas personas confían más en comprar al productor: ven las naranjas, saben de dónde vienen y valoran mejor el trabajo que hay detrás.

Aun así, la comercialización no es fácil para los pequeños propietarios. Las grandes superficies suelen buscar grandes cantidades y eso favorece a las grandes extensiones, que no siempre cuidan el territorio con la misma filosofía. Por eso nosotros tenemos otro tipo de clientes: personas que valoran el origen, el cultivo ecológico y el cuidado del paisaje.

E.- Además de esa historia, ¿qué variedades de cítricos cultiváis?

M.P.- Tenemos muchas variedades. La campaña de cítricos suele comenzar hacia mediados de octubre con las mandarinas más tempranas. Después llegan otras mandarinas y, a finales de noviembre o principios de diciembre, empiezan las naranjas. En diciembre ya están buenísimas variedades como la navelina, y después vienen otras como la navel, la navel late o la lane late.

La última que se recoge es la Valencia, una variedad con mucho jugo y un punto más ácido. Todas son buenas; cuando no hay unas, tienes otras. También tenemos limones, pomelos y algunos compañeros cultivan variedades más singulares, como la mano de Buda o el cidro. En mi caso, cultivo sobre todo navelinas y limones, algún pomelo y también granados.

E.- ¿Qué mensaje os gustaría que se llevara quien se acerque a vuestra asociación?

M.P.- Que detrás de una naranja hay mucho más que una fruta. Hay historia, territorio, esfuerzo, cultura agrícola y una forma de entender la sostenibilidad. Carcaixent fue clave en la expansión comercial de la naranja y hoy queremos mantener vivo ese legado desde el cultivo ecológico y el respeto al paisaje.

Autor

Lorena ÁvilaPeriodista
Comunicación. Periodismo 3.0
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