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El sambori vuelve a la acera: juego, memoria y sostenibilidad en un barrio de València

En una calle de un barrio de València, el suelo se convierte en escenario de juego gracias a un sambori pintado sobre las baldosas. Con sus números, sus casillas y la palabra “salida”, esta imagen recupera uno de los juegos infantiles más populares de varias generaciones, conocido también como rayuela en otros lugares.

Más allá de su apariencia sencilla, el dibujo aporta alegría al entorno urbano y recuerda que la calle también puede ser un espacio para compartir, imaginar y convivir. En tiempos marcados por las pantallas y el consumo rápido, este pequeño gesto devuelve protagonismo al juego tradicional, a la creatividad y a la vida de barrio.

El sambori también habla de sostenibilidad. No requiere grandes recursos, materiales costosos ni tecnología: basta una tiza, un poco de espacio y ganas de jugar. Promueve el uso del espacio público, favorece la actividad física, anima la convivencia vecinal y demuestra que la diversión puede ser sencilla, accesible y respetuosa con el entorno.

Así, una acera cotidiana se convierte en un símbolo de infancia, memoria y comunidad. Un recordatorio de que las ciudades sostenibles no solo se construyen con infraestructuras, sino también con pequeños gestos capaces de generar ánimo, alegría y sentido de pertenencia.

Autor

Redacción
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